القطة في القمر (el gato en la luna)
Un día, encerrado bajo llave, hacía frío, estaba solo y me sentía de la chingada. En la calle todo era navidad y lucesitas, en la casa todo eran recuerdos. Pasaba las noches en el sillon. envuelto en una cobija. El frío me hacia pensar en la muerte. Dejaba que mis pies y mis manos se durmieran hasta no sentirlas, hasta sentirme muerto. Estaba muerto.
Si moría nadie lo sabría. Nadie.
Casi al anochecer quise no seguir más.No vivir. Nada importaba. Decidido, caminé un poco para buscar la forma. Ese día debía pasar.
Octavio me siguió. No me dejaba solo. Era como si se hubiera dado cuenta de lo que quería hacer. Cuando me encerré en un cuarto comenzó a chillar. Era un maullido triste, de reproche. Abrí la puerta y allí estaba él. con sus patitas blancas y la mirada atenta en mí. Se sentó y ronroneó.
Al fin los dos estabamos igual. El dependía de mí y yo de él para no quedarme loco.
En estos nueve meses siguió detrás de mí. Como vigilando...
Tuvo una ausencia de tres dìas. La noche en que regresó sentí que al fin podía descansar un poco. También sentí que solo estaría un momento. Sentía su ausencia. Su despedida, así, lo dejé hacer todo lo que quiso.
Ahora ya no está. No lo estará más. Su cuerpecito estaba tirado. Inherte como yo debí estarlo hace diez meses. Quisiera pensar que no sintió nada. Que no sufrió... No lo sé. Yo no lo ví. Solamente me dijeron que ya no estará más. La última vez que lo ví fue el lunes, corriendo por todos lados, como correteando un ratón imaginario, subiendose en los muebles y acercandose a la puerta, estirando sus patitas para que le abrieran la puerta... y salió. No lo volví a ver.
Un vecino dijo que lo vió convulcionando en la calle. Lo cargó y lo dejó morir en el camellón de enfrente...
¡Mierda! ¡Lo envenenaron!
Ya no está más mi gato socialista que olía flores y masticaba caracoles, mi pequeño guardian de patitas blancas y maullido de pato. Ya no está.
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su hermana le hace compañia
y nosotros nos quedamos solos
mas solos