Belen, Morelia, Chis.
Él la escuchaba con atención y miraba sus grandes ojos mientras pensaba en las palabras que ella decía, las imaginaba y las sentía como si hubiese estado ahí. Sentía su coraje y su esperanza, su sorpresa y su rebeldía. Él sabía de lo que ella hablaba, la conocía bien, lo suficiente como para saber que había amistad y cariño como pausados de otras vidas que lo dejaban con ganas de seguir escuchando. Las separaciones nocturnas lo llevaban a imaginar lo que ella estaría haciendo, ¿en qué estaría pensando? ¿de qué estaría hablando? ¿qué soñaría, si es que a caso alguien como ella necesitaba soñar? La noche caía, el frío se refugiaba en su piel y la secaba hasta cuartearla dolorosamente, pero aferrado asomaba la cabeza por la pequeña rendija de su cuarto pensando y esperando que ella viera lo mismo que él, las nubes lejanas, el techo bañado en leche, osos y gigantes muertos, brujas y cometas mágicos.
Antes de dormir, él escribía sobre el día, la tarde y la noche, sobre la vida y la libertad. Lo hacía con un poco de miedo porque sabía del poder de las palabras y las consecuencias que éstas tienen cuando se escriben con tinta indeleble. Ella venía a su mente, una y otra vez, con sus geniales pláticas inconclusas: "Ya habrá tiempo" decía ella, "pero, ¿cuándo?", pensaba él. El tiempo, enemigo implacable y permanente, se acercaba terminando con todo a su paso. "¿Cuándo?, ¡carajo! ¿cuando?".La mañana llegaba y con ella sus ansias por verla, ¿o era escucharla? ¿o poder tocarla al despedirse?
La imaginación era mucha, la realidad poca, pero siempre mejor. A veces el día era insignificante hasta que aparecía ella, siempre de color rosa, asomada por la puerta de su casa, sonriente, contenta, con nuevas historias por compartir y teorías sociales que colapsaban el mundo distópico al que estaba acostumbrado a presumir.
Al hablar, la mirada de él se perdía en los ojos de ella. Lindos ojos con un brillo especial, brillo como de noche, brillo que lo iluminaba todo y a todos, acentuando sus palabras y transformando conciencias. ¿cómo lo hace? ¿por qué sus ojos brillan tanto? Un enigma irresuelto que él buscaría resolver algún día.
Con pena, confusión e ilusión siempre se despedían de noche, con estrellas o nubes frías sobre la cabeza. Despedidas que no deseaban, hastaluegos que terminarían pronto, pequeñas pausas tristes.
Comentarios