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Aún siento el filo frío que separa la piel de mi cuello, el desgarre que se agranda y deja salir mi sangre caliente como si fuera una cascada que moja el resto de mi cuerpo. Aún siento el ardor que trepa rápidamente hasta mis oídos y pentra hasta golpearme al fondo de mi cabeza. Hace tres días de ese sueño.
El de esta noche ha sido peor y me mantiene bajo un estado de terrible ansiedad.
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