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Mi deseo recorrió tu piel todo el tiempo y solo la noche me permitió saborearte... la noche, tus gemidos, tus hermosos labios rosas coronados por un tímido clítoris que te hacía gritar...
Yo sobre tu cuerpo, tu cuerpo sobre mí, tus pechos sobre mi cara, mis manos midiendo tus nalgas y mis besos en tus pezones...
Mis besos deshaciendose en ti, enfrentados a tu mundo y relegados por tus recuerdos. Nos abrazamos completamente desnudos, llenos de deseo y culpa, pero deseando que no se terminara y que no avanzaramos más.
Tus piernas abiertas y tus gemidos; la contemplación del paisaje de tu cuerpo desnudo y tus manos en mi pene; mi boca en tus piernas y mis dedos en tu boca... te pienso entre sueños y deseos, como el recuerdo de algo que nunca sucedió, como si aquél instante en que gateaste entre el suelo frío y en el que mis manos corrieron tras tus nalgas solo hayan sido producto de una noche de fiebre provocada por la influenza.
No sé si sucedió, ya no estoy seguro si cruzaste por el espejo cuando el sol salió porque cuando desperté ya no estabas, sin embargo aún siento el peso de tu ligereza en mis brazos mientras te llevé a la cama, aferrandome a tus nalgas y con mi boca pegada a tus grandiosos pechos.
Cruzaste el espejo de mis deseos y estallaste mis sueños.
Ahora solo resta hacer el recuento de daños y evitar verte (¿o soñarte?) otra vez.

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Quién sabe cuál es la parte real de la vida y cuál simplemente un sueño?
Hay quienes tenemos sueños tan vividos que la misma realidad.
Así que: sean sueños, un recuerdo o un anhelo; vuelve a saborear tus dedos en su boca, tu cara entre sus piernas o el peso de su cuerpo sobre el tuyo.

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