Llegada
La puerta de madera estaba sobre puesta, la detenía una visagra nada más y el viejo candado que la cerraba estaba roto. Hice la puerta a un lado y entré a aquel centenario cuarto. No había nadie, algunas cosas revueltas, una capa de polvo en el suelo y nada más. Parecía que habían salido deprisa, como si las voces los hubieran expulsado y tan solo pudieron huir con lo que llevaban puesto.
¿cuándo fué? ¿donde están ahora? ¿se molestarán las voces si tomo el viejo y oscuro cuarto?
El silbido del viento, las tejas rotas y murmullos entre las montañas... Es todo lo que aquí puedo tener.
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