Así fue
Compré una pequeña libreta que convertí en un pequeño diario de viaje. Crucé el país y el continente. Me senté en sucios bares, cantinas, cafés, bodegones y parques; siempre escribí poco, pero siempre con dedicatoria. Al amor, a la futura familia, a mí yo futuro, siempre tuve a alguien en mente. La última vez que la abrí pensé en lo melancólico que resultaba que en la portada estuviera el viejo Bukowski empinándose una botella. Ahora creo que no era más que una terrible ironía de la vida.

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