Fuga

Esta vez fue distinto. El dolor se concentró en un solo punto y no fue en el corazón sino en los ojos. Caminó todo el tiempo y a todos lados, intentó recorrer el mundo tratando de que llegara la amnesia que evitara sentir más, pero eso nunca pasó, sin embargo siempre lo acompañó un chorrito de agua en los ojos que a cada tanto huía de él. Entonces comenzó un periodo de sed y miró el terrible efecto que la pérdida de agua constante traía: sus manos comenzaron a secarse, perdían poco a poco movilidad y se llenaban de pequeñas fisuras grises que cada vez se hacían más profundas, mientras las capas superiores caían como pequeñas hojuelas de maíz. Un día despertó sin manos y al siguiente sin pies. Desesperados, los médicos intentaron hacer algo radical: Le extrajeron los ojos y cosieron la boca: únicamente dejaron una pequeña manguera como snorkel para que pudiera respirar y comer. Solo así se terminó con esa fuga que lo deshacía y el dolor que siempre punzaba. Lo que menos importó es que con su nuevo estado ya no podría hacer nada de nuevo.

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