Salí nervioso, con una carcajada contenida, con un leve temblor en las manos ante la increíble suerte que tuve, pues democráticamente la subjetividad me otorgó un nueve cuando pude haber obtenido un siete. Salí y salió ella preparada con un cigarro y dispuesta a sentarse fuera del salón a fumar tranquilamente. Era mi oportunidad dorada y sin embargo se perdió.
Sentí la necesidad de tomar un café pues los nervios y la carcajada contenida ameritaban un placebo. Caminé, llegué bajo las escaleras y compré la susodicha bebida. Entonces pasó: Caminé unos cuantos pasos más, no sè por qué, y allí estabas tú, de espaldas contra la pared esperando tus copias... Mi estómago comenzó a compactarse, mi corazón golpeó con furia y entonces no sabía que hacer, ir a saludare, robarte una invitación para tomar un vino tinto, decirte que no se cómo pero que necesito una dosis pequeña de ti, un leve resplandor de tus lindos ojos para alegrar mi día y sentirme al menos un poquito importante...
y sin embargo no supe qué hacer...
Seguí de largo, traté salir de la facultad y había un tapón de protesta que sonaba interesante, pero por dentro yo estaba deshecho, en shock ante la suerte y el no saber que hacer. Regresé y estabas dándome la espalda, tuve ganas de abrazarte, pero me seguí de largo... me arrepentí y regresé y volví a seguir de largo, me mordí los labios y regresé una vez más, decidido a que cuando volviese a pasar estarías dando unos cuantos pasos hacia donde yo iba y chocaríamos y tendríamos al menos la obligación de saludarnos, pero por mi mente pasó el hecho de que no tenía nada que decir,,, nada, mi voz no saldría, sentí un pinche tapón en la garganta y estaba segurísimo de que nada saldría de mi boca mas que una estúpida sonrisa que podría parecer falsa o fría... cuando se suponía que pasaría cerca de ti y chocaríamos, ya no estabas, habías desaparecido... quizá me viste y huiste, quizá sí pasaste junto a mi y no te vi, quizá te adelantaste tres o cuatro o quizá veinte pasos y ya ibas muy adelante.
Ya no te vi.
Estoy seguro de que me veía mal pues una chica que se me quedó mirando y estuve a punto de sonreirle de repente rió, pues en lugar de sonreir estiré los labios para alcanzar un inexistente popote de mi café hirviente...
Pasó la profesora y puso cara de sonrisa muy marcada, como queriéndome contagiar y apenas respondí con una triste mueca.
Llegué a mi salón y entonces me dí cuenta de que mi oportunidad de oro se había ido pues la chica que había salido a fumar ya no estaba en el pasillo y platicaba con la profesora...
Me sentí idiota.
Pero hubiera deseado verte un poco más o que entre las seis y las diez y media de la tarde del lunes hubieran durado cuando menos dos días, lo suficiente para aprenderme tu cara, tus labios, tus ojos y no perderme tan fácil en tu piel...
Pero ¿ahora que puedo hacer?
Estoy seguro de que nunca me llamarás a pesar de que dijiste que todo fué verdad y que sabes que lo que dije también lo es.
Ojalá tu reloj y el mío se sincronicen muy pronto. En verdad me gustaría.

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