red house blues
No lo sé, pero me han dicho
que una mujer de piernas largas no tiene alma.
black dog -Led zeppelin
Y Él se quedó esperando en silencio, aguzando el oído, la mirada, cualquier paso en la calle podía ser Ella, aquel "ring" su llamada, aquel murmullo el grito de su nombre.
Sentado, a oscuras en aquel sillón verde, observando las sombras que se filtraban por debajo de la puerta, escuchando escandalosamente los latidos del corazón del gato, las gotas de agua de la regadera que hacía tan solo cuatro horas era ocupada por su cuerpo desnudo. La casa parecía inmensa. El sonido eterno.
Tan solo tres días han pasado de su ausencia y Él sigue esperando su llegada, escondiendose cuando tocan a la puerta los vendedores y mormones con la esperanza de que sea Ella con la idea torpe de que a los tres minutos de no responder a su llamado, Ella, preocupada, llore e implore por Él y quizá en ese arranque de angustia lo vuelva a amar.
Una semana hace que se marchó. Sus cosas siguen guardadas y casi escondidas tras aquella noche de destrucción. Él, la odia y finge que la ama o mas bien la ama y finje que la odia, le tiemblan las manos y su voz es como del más allá, grave, ronca, enferma de tanto esperar. Quizá al fin esos pasos que se acercan sean los de Ella, pero no. Ya no hay pasos, fué solo su imaginación.
Hoy es domingo y le duele el estómago, sigue con diarrea a pesar de no haber comido nada. Apenas si tiene fuerzas para caminar. Las noches las pasa en vela, preocupado por Ella. No duerme en la cama que está destendida desde su ausencia, solo mirar las sabanas parece como si aún estuviera dormida, esperandolo como todas esas noches en que Él se acercaba y le daba un beso en la frente aunque Ella no lo sintiera. Es domingo y es brutal. En la noche Ella salió a bailar, beber y divertirse, toda linda, toda hermosa, con sus grandes aretes redondos, su amarilla blusa escotada, su pantalón azúl y sus botas negras. Él lo sabe y eso duele más, su noche solo fué mirar infomerciales y esperar la inexistente llamada y aquellos tacones tras la puerta.
En la noche hace frío, pero hay algo que lo sigue y le deja una sensación helada en su costado si está sentado o en la espalda si está dormido. Esa helada presencia lo enferma y Él tose todas las noches. Entonces reza, por que salga el sol, por que haya calor, por que todo sea un sueño, por que esta noche dure menos, por que no haya más tos y Ella vuelva.
Huele mal pues no se ha bañado, no hay gas en la casa y no le gusta comer en la calle ni tampoco solo. Todos lo saben. Ella lo sabe. La carne está podrida, el vino agrio y el pan enlamado. Aun así no piensa comer, sigue esperando su milagro.
Entra al cuarto y todo tiene el nombre de Ella o sabe a Ella. El closet tiene una plasta de chantilly pegada en la puerta, producto del pastelaso que Él aventó en un arranque de desesperación. En el estudio solo hay vacío, libros que prometían horas de lectura ahora están vacíos y prometen horas de fuego. Incluso en el baño están sus velas con forma de corazón y olor navideño como mudos gritos de su ausencia. En las escaleras aún vuelan sus largos cabellos y su ropa es amargo "deja vu" de noches apasionadas en las que Él voló.
Hoy decidió huir. Pálido, como muerto, con ojeras llenas de insomnio y el paso tembloroso, guardó algo de ropa en su mochila, metió al gato en su morral y salió a la calle. La tarde era cálida, el sol amarillo y brillante, deslumbraba. De haber sido cualquier otro día unos cuantos meses atrás, abría significado comer en la calle, ver peliculas y quizá salir a caminar. Pero no. Tardó diez minutos en llegar a la parada del bus y se sentó a esperar. El gato maullaba queriendo escapar y Él solo miraba al sol queriendo quedar ciego pues no quería ver su propia partida.
No ha vuelto a rezar ni a amar. Juró que nunca volverá a pasar. Ya no mira las noches estrelladas, no espera llamadas ni mira por debajo de la puerta. Ahora todo es opaco y nada más.
que una mujer de piernas largas no tiene alma.
black dog -Led zeppelin
Y Él se quedó esperando en silencio, aguzando el oído, la mirada, cualquier paso en la calle podía ser Ella, aquel "ring" su llamada, aquel murmullo el grito de su nombre.
Sentado, a oscuras en aquel sillón verde, observando las sombras que se filtraban por debajo de la puerta, escuchando escandalosamente los latidos del corazón del gato, las gotas de agua de la regadera que hacía tan solo cuatro horas era ocupada por su cuerpo desnudo. La casa parecía inmensa. El sonido eterno.
Tan solo tres días han pasado de su ausencia y Él sigue esperando su llegada, escondiendose cuando tocan a la puerta los vendedores y mormones con la esperanza de que sea Ella con la idea torpe de que a los tres minutos de no responder a su llamado, Ella, preocupada, llore e implore por Él y quizá en ese arranque de angustia lo vuelva a amar.
Una semana hace que se marchó. Sus cosas siguen guardadas y casi escondidas tras aquella noche de destrucción. Él, la odia y finge que la ama o mas bien la ama y finje que la odia, le tiemblan las manos y su voz es como del más allá, grave, ronca, enferma de tanto esperar. Quizá al fin esos pasos que se acercan sean los de Ella, pero no. Ya no hay pasos, fué solo su imaginación.
Hoy es domingo y le duele el estómago, sigue con diarrea a pesar de no haber comido nada. Apenas si tiene fuerzas para caminar. Las noches las pasa en vela, preocupado por Ella. No duerme en la cama que está destendida desde su ausencia, solo mirar las sabanas parece como si aún estuviera dormida, esperandolo como todas esas noches en que Él se acercaba y le daba un beso en la frente aunque Ella no lo sintiera. Es domingo y es brutal. En la noche Ella salió a bailar, beber y divertirse, toda linda, toda hermosa, con sus grandes aretes redondos, su amarilla blusa escotada, su pantalón azúl y sus botas negras. Él lo sabe y eso duele más, su noche solo fué mirar infomerciales y esperar la inexistente llamada y aquellos tacones tras la puerta.
En la noche hace frío, pero hay algo que lo sigue y le deja una sensación helada en su costado si está sentado o en la espalda si está dormido. Esa helada presencia lo enferma y Él tose todas las noches. Entonces reza, por que salga el sol, por que haya calor, por que todo sea un sueño, por que esta noche dure menos, por que no haya más tos y Ella vuelva.
Huele mal pues no se ha bañado, no hay gas en la casa y no le gusta comer en la calle ni tampoco solo. Todos lo saben. Ella lo sabe. La carne está podrida, el vino agrio y el pan enlamado. Aun así no piensa comer, sigue esperando su milagro.
Entra al cuarto y todo tiene el nombre de Ella o sabe a Ella. El closet tiene una plasta de chantilly pegada en la puerta, producto del pastelaso que Él aventó en un arranque de desesperación. En el estudio solo hay vacío, libros que prometían horas de lectura ahora están vacíos y prometen horas de fuego. Incluso en el baño están sus velas con forma de corazón y olor navideño como mudos gritos de su ausencia. En las escaleras aún vuelan sus largos cabellos y su ropa es amargo "deja vu" de noches apasionadas en las que Él voló.
Hoy decidió huir. Pálido, como muerto, con ojeras llenas de insomnio y el paso tembloroso, guardó algo de ropa en su mochila, metió al gato en su morral y salió a la calle. La tarde era cálida, el sol amarillo y brillante, deslumbraba. De haber sido cualquier otro día unos cuantos meses atrás, abría significado comer en la calle, ver peliculas y quizá salir a caminar. Pero no. Tardó diez minutos en llegar a la parada del bus y se sentó a esperar. El gato maullaba queriendo escapar y Él solo miraba al sol queriendo quedar ciego pues no quería ver su propia partida.
No ha vuelto a rezar ni a amar. Juró que nunca volverá a pasar. Ya no mira las noches estrelladas, no espera llamadas ni mira por debajo de la puerta. Ahora todo es opaco y nada más.
Comentarios