Estos dos meses han dejado mi mente alterada por completo, con terror y angustia, con tristeza: no hay noche en que no tenga pesadillas, en que escuche gritos, que sueñe que me persiguen o que estoy completamente desnudo y encerrado en una pequeña habitación helada, atado de pies, manos y con una sucia capucha en la cara. Ya una vez vi entre sueños una silueta delgada y larga caminar junto a mi cama y huir con miedo hacia el rincón más oscuro del departamento, huyendo de que alguien la fuera a descubrir por haberse atrevido a salir.

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