habitación 43
"Su habitación es la cuarenta y tres, está en el primer piso."
"Gracias" digo, y comienzo ese pequeño y emocionante camino que sentí ya conocer.
Metí la llave en la cerradura y abrí la puerta, entraste deprisa y yo también. Cerré con cuidado, casi sin hacer ruido.
Apenas vi la habitación y supe enseguida que ya había estado allí antes, miré las paredes y su techo antiguo y altísimo, con vigas de madera y esos como tabiquillos rojos que dan un aire provinciano como de vieja hacienda. La alfombra, el buró de madera rústica, el extraño gran marco de madera en la pared, la cama predispuesta para horas y horas de placer y llena de historias cachondas (una mía, por supuesto). Sigo contemplando el lugar, volteo a verte y me dices que hace calor, te quitas la blusa y el brassiere, me abrazas y nos inmovilizamos con un beso.
Todo es bueno, tu sexo es bueno, podría seguir así por varias horas, parece que nunca me detendré pero veo que cada vez hay menos luz y el tiempo, el tuyo, se acaba.
Al final arremeto sin mucha furia, con ganas de terminar y cuando lo hago todo cae sobre tu abdomen, tus senos y tu cara. Solo ver esa escena me deja más excitado que antes. Me acuesto a tu lado y te abrazo mientras dices que el semen es bueno para la piel. No puedo evitar reír y volver a mirar el cuarto. Ahora me parece nuevo y desconocido, como si nunca antes hubiera estado allí.
"Gracias" digo, y comienzo ese pequeño y emocionante camino que sentí ya conocer.
Metí la llave en la cerradura y abrí la puerta, entraste deprisa y yo también. Cerré con cuidado, casi sin hacer ruido.
Apenas vi la habitación y supe enseguida que ya había estado allí antes, miré las paredes y su techo antiguo y altísimo, con vigas de madera y esos como tabiquillos rojos que dan un aire provinciano como de vieja hacienda. La alfombra, el buró de madera rústica, el extraño gran marco de madera en la pared, la cama predispuesta para horas y horas de placer y llena de historias cachondas (una mía, por supuesto). Sigo contemplando el lugar, volteo a verte y me dices que hace calor, te quitas la blusa y el brassiere, me abrazas y nos inmovilizamos con un beso.
Todo es bueno, tu sexo es bueno, podría seguir así por varias horas, parece que nunca me detendré pero veo que cada vez hay menos luz y el tiempo, el tuyo, se acaba.
Al final arremeto sin mucha furia, con ganas de terminar y cuando lo hago todo cae sobre tu abdomen, tus senos y tu cara. Solo ver esa escena me deja más excitado que antes. Me acuesto a tu lado y te abrazo mientras dices que el semen es bueno para la piel. No puedo evitar reír y volver a mirar el cuarto. Ahora me parece nuevo y desconocido, como si nunca antes hubiera estado allí.
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